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Edda Ottonieri de Maggi

24 Abr

¿QUIÉN HA DE CERRAR LAS HERIDAS?

¿Quién ha de cerrar las heridas

del pan negado al hambre que duele,
de los sabañones del alma
con gambetas de zapatillas gastadas,
del frío sin techo de los que no tienen techo,
del asombro agrandado en ojos vacíos
de resignado mirar,
en la honda tristeza de la meseta sepia donde mora el dolor?

¿Quién ha de cicatrizar las heridas

cuando se ha burlado la igualdad prometida,
hay mocos brillantes en mangas rotosas,
y no suenan violines en mover de ilusiones,
mientras una bola de trapo rueda potreros,
y deseados juguetes van hacia otras manos?

¿Quién ha de disimular las heridas

del llanto vertido ante ciegos espectros
buscando un vuelo que arañe la aurora ,
en marchitos rezos de vigías estériles?

¿Quién ha de borrar las heridas

del pájaro que no tuvo nido,
de mil miedos subiendo en barrilete
en el espacio de no ver el mañana?

Efímera niñez madurada en tinas de pesares,
sin sábanas bordadas con risas entre pliegues,
sellada por imposibles dioses, sin brújula,
y abandonado en el apostadero penumbroso,

de los eternos olvidados.

¿Dónde, la “otredad” con sabor a ayuda mutua?

CICATRICES DEL MISTERIO

Investidos de hipocresía insolente, los poderosos,

desandan adoquines sobre rotas caras de piedra viva.

Y en el seno social corrompido, se yerguen,

sobre mares gelatinosos de pútridas algas,

contaminadas de múltiples apariencias

que duelen huesos, poros… sangre,

cuando visten promesas…

Con puñal perforan ilusiones,

en brumosos tiempos de vergüenzas ajenas…

Un perverso silbido de siglos atraviesa el tiempo,

son los mismos aires que azotaron desde el génesis

y siguen en gira hacia todos los rincones…

Y es red, que hipnotiza, desde el parpadeo del alba…

Oblicua memoria de sacrificados, insepultos,

conformistas, sin quejido ni pelea
que agazapados siguen en pozos de ignorancia,
en miserable ironía, fetidez de podredumbre
y socavado tejido de la barbarie “civilizada”…

Veo a mis hermanos, en sórdida ignorancia,

sin futuro…
Y me pregunto:

¿El futuro será el hoy… y también el ayer,

en el trajinar de penitentes?

ESPEJO DE LA NOCHE 

La tarde ata los cordones de todas las veredas.

Yo me sujeto a un rayo de luz.

La luna nueva se vislumbra tímida entre racimos de sombras

Caigo improvisada sobre mi propia sombra

La calma se dimensiona con mudez de árbol quieto

Empiezo a entender su profunda nostalgia.

Las nubes se encogen sobre pájaros desolados.

Me enrollo sobre mi propia cavidad.

Pequeños pizcas se dispersan cual migajas de pan duro

y giran sobre los dinteles

con pretensión de invitarme a borrar mi pena.

Pero mi sangre late en mis arteria vacías.

Voy en busca de mi calor huyente.

Sólo encuentro espejos difusos.

Entre los pliegues de otro día la noche ha quedado desterrada

Yo, estuve la noche entera en busca de mis propios pedazos,

justo cuando la aurora se anunció entre ruinas