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Jaime B. Rosa

24 Abr

ME ALEJÉ AYER

Me alejé ayer
De todo momento
De todo cisne sin nosotros
De hoy y de un mañana
De puro rostro masticado
Por sílabas que caminan, siguiendo
Un orden peristáltico
De gaviotas perdidas en el entonces
En el mucho de la ceniza
Y su forma de ascender
Con la rosa.

Hoy por si acaso
Los higos de la sombra
Van para el luego
De las barcas que madrugan
En la existencia
Y permanezco invisible
En el silencio del todo
Que es equidistancia
Voz
Soledad
O azul de alguien que renunció a amanecer

Sumido en la peor distancia
Como un bufón de miel fundida
Que traza circunferencias
En el carbón salado
En la máscara helada
De cada momento
Ya ni siquiera recuerdo
Lo que simplemente fue
O no fue
Como si lloviera
Sobre aquel rostro de garbanzo
En el que se refleja la eternidad
Sobre aquellos cuernos calcinados
A un lado del camino
Entre lo oblicuo a la deriva
Y un océano de cadáveres
Sin profundidad

Se disipan las penumbras
Deglutidas por la nada
Que refleja mi sombra
Sin conclusión.

Otoño
Son tres sílabas
Años sin sonrisas
Otro luego que se fue.

Descifro posibilidades engañosas
De permanencia en lo fugaz
En el líquido metal inconsistente
En la impredecible persistencia
Del viento en lo caduco.

Ahora es una esquina
Donde alguien sonríe y llora a la vez.

Los ríos me arrastran con las rocas
Y en los espejos
Vive una luna de sospechas
De rosas de sombra
Adictas a la bruma intensa.

Me acusan de llorar inútilmente sobre la nada
Pero los sueños se alimentan de ocurrir
En las noches vivas
De la flor de azafrán
Y crecen
Entre el limo y la herrumbre
Del No-aquel
Del ámbar sustancial

 

A LA LUZ PLURAL
(de Oblicuo Aparte)

A la luz plural
De lo Uno que regresa
Ya nada es concluyente
Al otro lado del bronce

Por las esquinas
Se duplica el rostro indescifrable
de ninguna parte
de una lejanía
bañada en el olvido

Con la impunidad de lo etéreo
Descubro mi transparencia
De cristal enterrado
Entre las piedras.

Después del viento
Llegará el fuego de lo que no veo
Un nadie que alcanza el pretérito
De un tiempo inexistente

 

EN LA FRONTERA

En la frontera
entre la lluvia y el alma
se extienden avenidas muy largas,
aún no construidas,
edificios tristes con casas
aún deshabitadas.

En esa frontera
la lengua del viento
azul como el cansancio
nos revela el color de la lumbre
el dolor de la leña que arde
el pudor de la tierra podrida
que se oculta bajo la ceniza.

Más silencio hay en la profundidad.
Lo posible no somos nosotros.
Sólo
de las ingles de los dioses
brotan rosas de escayola,
sólo
la luz asume nuestros trazos
las palabras que nos vacían
los lagos helados que nos sonríen
por su lado muerto.

En la frontera
existimos porque escapamos
entre los últimos fulgores
de un sol partido y devastado,
de nosotros mismos

 

SENTIMOS LA TIERRA

Sentimos la tierra
como una manzana cuadrada y masticable
como una diagonal del viento
como un sueño que suena
a oasis perdido
a sombra alargada
a sol que se apaga por deducción extrema
a faro plural de cambiantes facetas
que ilumina el mismo filo de la noche.

Sentimos la tierra…
sentimos la tierra como una flor inmensa,
vasta como el principio de un largo camino.
Anoche y ayer
sentimos la tierra
como la sombra triste
de otros olvidos.

 

POR TU CÁLIDA SONRISA

Por tu cálida sonrisa
conozco
el clima de tus dedos
pero olvido
en qué calles trenzamos
nuestras vidas,
en qué sillas
nos sentamos
para frenar
el peso de la tarde
que nos vence
desde dentro
con la rotundidad
de una herida.

Entre tus tinieblas y las mías
juntos añoramos
un destino
distinto
a la muerte
que nos penetra
paso a paso,
los nombres y las cosas
que dejaron en nosotros
su huella singular,
tantas sensaciones desconocidas
con sus sombras ondulantes
junto al fuego
quebradas y abolidas.

Como lo oculto guardado
en un rostro que calla,
acaso el ocaso nos aprieta
con su cimitarra lumbar
que interroga al dolor,
acaso el ocaso nos despide
en el enclave exacto
de una tarde oscura
en que la sangre
mancha para siempre
el eterno retorno
de un lejano amanecer.

 

EN CUALQUIER LUGAR

En cualquier lugar

el otoño es una perspectiva
una orilla que a veces nos separa de la luz.

Desde la profundidad
perfilo lo que me apura no dar:
el trazo de una explanada triste
el trigo que dábamos a las palomas
el agua clara que gotea
sobre un libro abierto
un eco detenido en la nieve.

En cualquier lugar
al otro lado de los rostros
la arena no existe
pero el mar nos declina
de aquí a la eternidad.

BAJO LA FORMA

Bajo la forma
un ámbar
profundo
una cítara
de plomo mate
un árbol
de cifra azul

La cadencia
del ser
y del tiempo