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José Cabrera

24 Abr

DONDE HABITA LA LUZ DÉBIL DEL ALBA

In memoriam Antonio Callejas

Me he elevado entre la niebla amanecida.
Sólo niebla ante mis ojos, en mis párpados ceniza
y el silencio…
Entre cárdena y siniestra
la niëve, deshaciéndose en los cálices del alba, se desliza
sin recuerdos, algodona azul el aire.
***
Panorama de una aurora amurallada con la piedra.
***
Pero sé que hay otra luz tras las mejillas
de las lágrimas pasadas que ilumina de los sueños realidades,
de la vida en la marea a la deriva
quede aquí toda tristeza sepultada…
Y que broten las semillas.

(De Fanales entre el agua)

ROMANCE DE LA VARIACIÓN DEL VUELO.
VII

Entre el jardín y los muros
llega la muerte brincando
noche en cristales de rotas camelias
para tus senos.
Mostré mi racimo
de siemprevivas arterias,
entrerraizadas al cuello
Todo está escrito,
oíd al
filo mil veces. Dejé la esperanza
bajo las sombras aladas de oblicuos
fuegos de luna o de sol.
Todo está escrito.
Tú sólo
quedas, siërvo en milicia,
cómplice, tú, del silencio ¿Por qué
no me recuerdas? ¿Tu fe de católica
te paraliza? o ¿Eres
uno de esos ateos
engañifado en vocálico?
Nunca me olvides: Me llamo
Yehuda
Laila
o
Yusef.
Sólo nombres.
Tal vez…
para vuëstra cruzada en luz cólica,
para la náusea en farsálico.

Entre el jacinto en suspiro que apura
cielo de adelfa o canela en jardín,
púrpura crece el sol y la luna.
Con las piedras, sin el viento:
dátil, seda, perla y pluma.

(De Goethica)

AUTO-BA-LANZA

Yo los oía. Eran voces de gente. Desde entonces me entró frío # para dormir el sueño de bronce
Pedro Páramo, Juan Rulfo # Ilíada, XI

-Hemos llegado al final de camino.
Aquí en el otero, el telón panorámico
abre el sonido de lágrimas desengastadas mejilla abajo.
Los primeros con ágil
grito alumbraron rendijas por siete veces salvándose, al fin, por barrido
-estupefactos de espinas, mar en los ojos-. Los otros únicamente tiznados
se dirigieron adonde el desierto pliega y desdobla de arena la óptica
de la memoria y el párpado.
Hoy creo que han vuelto a peinarme con
ojos soñados de bronce.
Entonces vivir consistiera en muerte querida o balsámico
olvido desde esta atalaya. Y olvídate de la alabanza. Los hijos adámicos
desheredados se entierran, aunque ofrezcamos los frutos al cielo.
-Calla don Mártir
bajo la tierra ¿No ves que todos estamos igual en esta fosa caídos?
Déjanos ya descansar de responsos y del olor de tu aliento a-finado
por los gusanos.
-No puedo. Todos mis héroes han muerto sin encontrar en la Cólquida
el vellocino y soñé…
-Qué pesadez. Sólo füiste un peón. Ahora mece
para ofrecernos el vino, toda la copa en tu talle violentamente cerámico.
-Yo los oía. Eran voces de gente. Desde entonces me entró frío. Un dinámico
viento borraba en las almas las ilusiones. Sentí como si alguien con ágil
paso anduviérase sobre nosotros. Nadie me puede dar miedo.
-Un castigo
parpadeando en la tarde: fotografías, turistas de souvenirs y el impacto
de la metralla o la piedra.

Eso fue todo.

Y ahora te callas. Tu sobria
voz, en alerta las palas, puede traernos más tierra para oprimirnos el hueco.

(De Goethica)